Esta historia cobra vida en la ciudad de Esquel, en la provincia de Chubut, como parte de una muy grata visita a la Patagonia, de la cual ya hay varios artículos en el blog.

Llegué a Esquel a dedo desde Puerto Madryn el Lunes 1ro de Abril por la noche y recorrí la ciudad de Esquel y Trevelín al día siguiente, pero no te voy a contar de eso ahora, sino del Parque Nacional Los Alerces.

Como en cada oportunidad en que me preguntaron al respecto, lo digo también acá: es uno de los lugares más hermosos que visité en mi vida y es sin duda uno de los parques nacionales que más me gustaron de los tantos que tenemos en el país y puedo asegurarte que tuve el placer de visitar varios de ellos.

Mapa del Parque Nacional “Los Alerces”

¿Como quería yo disfrutar un lugar así? Pues, “perdiéndome” dentro del parque varios días, no me imaginaba otra manera. Tené en cuenta que más allá de que uso el verbo perder como un recurso literario, el parque es tan grande y tiene tantos senderos, de los cuales varios recorrí, que eso de perderse o digamos desorientarse, tuvo lugar en más de una oportunidad.

Los preparativos

El tema es que el día que resultó el primero de una visita de varios días al parque era después de finalizado un fin de semana largo de 6 días de Argentina. Eso significa que muchísimos visitantes dieron por finalizado sus vacaciones (en rigor, para muchos la vuelta comenzó el día anterior)  y prácticamente todos los campings organizados estaban cerrados para mi visita. Esto quiere decir que la mayoría de los que estaban disponibles eran públicos, muy acotados en cuanto a instalaciones.

Así fue que antes de partir me preparé para la situación menos cómoda, que implicaría llegar al parque y no encontrar ningún camping organizado abierto, con las siguientes potenciales implicancias (trágicas para la mayoría de las personas) que se podrían mantener durante varios días, las voy a llamar los “ni”:

  1. Ni pensar en bañarme (ni hablemos de afeitarme).
  2. Que ni se me ocurra pretender cargar el celular ni las pilas de la cámara digital.
  3. Ni hablar de una cama, pero ni ahí.
  4. Ni hablar de comprar comida hecha (o de poder comprar cualquier cosa) y ni pensar en un restaurante o algo que se le asemeje.

Luego, dejando mi mochila más grande en lo de mi anfitrión en Esquel, me llevé la de 30 lts. con lo siguiente:

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Ahora sí, vamos al Parque Nacional Los Alerces

Fuera de temporada, el transporte público al Parque Nacional los Alerces, proporcionado por Transportes Esquel,  contaba con tres servicios semanales los días miércoles, sábado y domingo, saliendo a las 8 de la mañana de Esquel y volviendo a última hora de cada uno de esos días, así que me embarqué en el servicio del día miércoles.

Después de casi dos horitas me bajé en el Camping El Aura de Lago Verde, el cual estaba, como supuse, cerrado. Tenía el dato de que el mismo funcionaría de todos modos como camping abierto (con los baños y duchas disponibles) y confirmé ese dato con el dueño, que estaba cerrando la parte de cabañas.

Pues bien, con la idea de quedarme a pasar una noche (o más) en El Aura, me bajé allí, pero como lo principal, por sobre todas las cosas era dejarme llevar, en este caso lo hice sumándome a un grupo de mochileros con el que me entendí muy bien desde el principio y con el que luego compartiríamos un par de noches de camping, comidas y aventuras varias:

Así fue que disfrutamos el día en la zona de Lago Verde del parque recorriendo algunos senderos, descansando, sacando muchas fotos y comiendo unos fideos bárbaros auspiciados por los muchachos que estaban equipadísimos. Ellos tenían el dato de que el Camping Organizado Los Maitenes estaba abierto (uno de los únicos que permanecería abierto tras el fin de semana largo) allá por la Villa Futalaufquen en la entrada del parque, en la Portada Centro y fuimos todos para allá con el último colectivo del día.

Ese día lo recordaré como uno de los que más disfruté la naturaleza en todo su esplendor, con mucha tranquilidad y un clima inmejorable. Acá me ves en ese paisaje que parecía pintado:

En el Lago Verde, Parque Nacional “Los Alerces”, Chubut

En el Lago Verde, Parque Nacional “Los Alerces”, Chubut

Fue un día increíble, me sentía en éxtasis: la invasión de colores del entorno, el aire puro, la flora y fauna del lugar, el agua cristalina… agua que, según entiendo, debe su color a las algas presentes en el fondo del lago, que en el caso del que ven en la foto, el Lago Verde, tomaba ese color tan especial que le da nombre.

Por si todo lo anterior fuera poco, la noche fue no menos mágica: pocas veces en mi vida pude vivir la naturaleza así, con ese silencio que hablaba, con un cielo tan estrellado, tan puro y limpio que impactaba, no podía dejar de mirar hacia arriba, hasta caminando, era hipnótico. Lamentablemente, mi cámara no me permitió captar la belleza de esa noche, así que a conformarse con mi relato. Y así se fue el miércoles.

Me tomé el día siguiente (jueves) para recorrer la Portada Centro del parque, a través de algunos de sus senderos y también conocí un poco mejor la Villa Futalaufquen, donde habitan algunas familias (en la mayoría de los casos, uno o más integrantes de las mismas trabajan en el parque), hay un par de proveedurías, un restaurante (que estaba cerrado), un pequeño club… es un lugar precioso. El día concluyó con unas hamburguesas a la parrilla celebrando el cumpleaños de uno de mis compañeros de viaje que comenzaba a primera hora del día siguiente.

También disfruté del parador (algo así como una playita) del camping que era hermoso:

El día de la lluvia

Así es, el día Viernes, tercero de mi estadía en el parque, llovió toooooooodo el día y estuvo así:

El clima hizo que mis nuevos amigos decidieran volver, ya que el día no les permitía disfrutar del aire libre y tenían un vuelo que tomar a última hora del día viernes. En vez de tomar el colectivo que les conté antes tomaron el que iba a Trevelín, a poco más de 20 kms. de Esquel. Es otra buena opción de retorno desde el parque.

Por mi parte, tomé la capa de lluvia que había comprado para días como ese y salí a recorrer, pues la lluvia no me detendría en mis ganas de andar:

De pronto, recordé que existía la posibilidad de poder tomar la Excursión al Alerzal Milenario, un paseo lacustre de ensueño, del que te voy a contar en breve. Podía contratar la excursión para embarcarme al día siguiente (sábado) y decidí averiguar eso: para mi grata sorpresa, había disponibles algunos lugares, así que me aseguré el mío.

Para comprar el pasaje tuve que recorrer un sendero de unos 10 kilómetros hasta la Hostería Futalaufquen (unos metros más adelante de Puerto Limonao),  que me llevaría una hora de ida y otra de vuelta, con semejante lluvia. Eso hizo del terreno recorrido el día anterior algo un poco más complicado, porque estaba bastante resbaladizo.

Ya con mi lugar garantizado para la excursión, hice una parada técnica en el camping para reponer energías y me acerqué a conocer las pinturas rupestres, que quedaban cerca de allí. Son pinturas pequeñas y no me llamaron mucho la atención, pero el lugar donde se encontraban era muy bonito, así como también las vistas de los alrededores que desde allí se apreciaban.

La idea era seguir camino hasta la Cascada Tío Mindo, a unos 8 kms., pero la rotura de la capa de lluvia (que fue cortada por la vegetación) en el tranquilo sendero que permitía recorrer la zona de las pinturas rupestres y la lluvia interminable me hicieron desistir de esa misión, para volver al camping.

Allí me encontré con que sólo quedaba Ricardo, el encargado, y yo. Una cosa llevó a la otra y estuvimos tomando unos mates con él, agarramos confianza rápidamente y me ofreció dormir en una casa rodante que estaba desocupada (para evitar dormir en el pasto, en una carpa que ya se hallaba muy mojada, inclusive en su interior):

Asegurado el pernocte en un lugar seco, esperé a que la lluvia me diera una ventana de unos 10 o 15 minutos de descanso para desarmar la carpa, pero como eso nunca sucedió, cuando aflojó un poco la desarmé igual y la puse a secar en los baños (junto con la bolsa de dormir que también se había humedecido), que no estaba usando nadie más que Ricardo y yo, por lo que espacio les sobraba.

Las charlas continuaron por la noche, acompañadas de un puchero (“bien campero” parafraseando a mi anfitrión) con un vino tinto, como no podía ser de otra manera:

 Con eso estaríamos cerrando el viernes, no sin antes compartirte una humilde enseñanza: no uses un hogar a leña para secar a una muy corta distancia o, peor aún, mediante el apoyo directo, un pantalón que tiene nylon como uno de sus materiales, ya que puede terminar así:

Conociendo al “Abuelo”

Llegó el tan esperado sábado, día en que haría la excursión del Alerzal Milenario. En temporada alta consta de dos navegaciones, una primera saliendo desde Puerto Limonao y tomando el Lago Futalaufquen para luego de una caminata, tomar la segunda desde Puerto Chucao. Por ser temporada baja, la excursión comenzaba (y terminaba también) en este último puerto:

Así fue que tomé el colectivo en la Villa Futalaufquen y me bajé en la pasarela del Río Arrayanes para luego llegar a Puerto Chucao con una caminata de aproximadamente media horita. Para esta maniobra colectivo+excursión, los tiempos estaban medio ajustados, pero afortunadamente Transportes Esquel tiene un muy buen servicio que muy rara vez se atrasa o cancela uno de sus viajes, por lo que no hubo sorpresas en dicha ocasión.

Partimos entonces de Puerto Chucao tomando el Lago Menéndez, el cual navegamos unos 22 kms. para llegar a Puerto Sagrario, donde se encuentra una reserva protegida a la que los visitantes sólo podemos llegar con esta excursión. De camino, podemos apreciar el Glaciar Torrecillas, un glaciar colgante bellísimo:

 

Creo que este video aporta bastante al relato:

Ya en la reserva, nos encontramos con ejemplares de alerces milenarios, muchos de ellos con más de 4000 años de edad, aunque el alerce más antiguo que se encuentra en el sendero interpretativo que está a nuestro alcance tenía “sólo” 2600 años, una altura de más de 57 metros y un diámetro de casi 3 metros:

Por lo que nos contaban allí, la lluvia del día anterior era la responsable de que se acentuaran los colores y aromas del lugar: se sentía la humedad, pero no como la de la ciudad, sino que refrescaba y resaltó la belleza de la reserva protegida que estábamos visitando.

Tuve en ese día dos compañeros fabulosos, que fueron Lloyd y Ron, de los Estados Unidos, con ellos compartimos muchas charlas, nos tomamos fotografías mutuamente y disfruté mucho de su compañía. Como verás en la foto, tenían equipos súper profesionales. Era un placer ver la pasión y la dedicación que tenían para cada toma:

Terminada la excursión, quedaba un rato para caminar hasta que pasara el colectivo que me llevaría a Esquel y en dicha caminata, conocí a Andrea y caminando con ella, nos sorprendieron justamente Lloyd y Ron, que venían transitando el camino principal de ripio del parque y pararon a saludar, a conversar con nosotros y a tomar algunas fotografías (ahí estamos con Lloyd y Andrea posando para la foto, de más está decir que esta instantánea la tomó Ron):

Opciones de alojamiento

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Esas alternativas son por si no sos de los que les gusta acampar.


Esto fue “Conociendo el Parque Nacional Los Alerces”. Como siempre, te invito a dejar tu duda, comentario, sugerencia o lo que quieras en la sección de Comentarios.

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