Relato de nuestro ascenso y acampe en el Cerro Tres Picos como parte de nuestra visita a la Fundación Rodolfo Funke, donde también visitamos la “Cueva de los Guanacos”.

Desde el Camping Base Cerro Ventana a Estancia Funke

Según te había contado acá, el día comenzó en el Camping Base Cerro Ventana. Desde ahí, salimos bien temprano – para aprovechar el día – hacia la Fundación Funke (también conocida como “Estancia Funke”) donde se encuentra el cerro que queríamos escalar, que es el más alto de la zona y de la provincia de Buenos Aires, estamos hablando del Cerro Tres Picos.

Para llegar al lugar, hay principalmente dos caminos: uno de tierra llamado Paso Funke, que viene del lado de Villa Ventana  cerca de donde nosotros nos encontrábamos – y el otro viene del lado de la ciudad de Tornquist, que es más largo y está en mejores condiciones.

 
 

Como ves en la foto, tomamos el camino de tierra y, sin ningún apuro – yendo a no más de 40 Km/h -, pudimos disfrutar mejor del paisaje y del día espectacular que nos había tocado. Eso sí, muchas personas se notaba que, aún en el campo, no podían bajar las revoluciones de su vida en la ciudad porque nos pasaban a 80 Km/h por ese camino como si estuvieran llegando tarde al trabajo, sólo que ahí, en contraste con la tierra del cemento, levantaban una nube de tierra tal que nos obligaba a cerrar las ventanas y disminuir aún más la velocidad.

Otras opciones de alojamiento en la zona

Si vas a andar varios días por allá, además de considerar alguna noche en el Tres Picos tal vez consideres alguna noche en los alrededores. Te invito a chequear estas dos opciones:

Si querés consultar y/o reservar alojamientos en la zona antes de acercarte, podés usar este link de Booking.com. Si lo usás para tu próxima reserva, Booking.com nos va a regalar USD15 a ambos.

Si sos de los que prefieren quedarse en casas de personas locales en vez de un hotel, podés usar este link para registrarte en Airbnb. Si lo usás te van a regalar crédito para tu primera reserva y a nosotros por recomendarlo 😉

Fundación Rodolfo Funke

Nacido en Alemania, Rodolfo Funke llegó a la Argentina a fines del siglo XIX, poco después de que Roca encabezara la nefasta Campaña del Desierto*, probablemente el genocidio más importante de la historia argentina, en el que miles de hectáreas de nuestro territorio fueron arrebatadas a sus pobladores originarios. Estas tierras manchadas con sangre fueron repartidas entre amigos de los principales políticos y militares de la época o vendidas a precios irrisorios entre quienes tenían el capital y las influencias para hacerlo.

* Si es la primera vez que escuchás hablar de este hecho histórico (especialmente para si nos visitás desde fuera de Argentina) hay mucha bibliografía que habla al respecto, podés empezar por acá. Si tenés otra visión de los hechos, sumate al debate que se armó en los comentarios, que se puso muy interesante.

Es en este contexto que Rodolfo Funke fue adquiriendo gradualmente las 13.000 hectáreas del partido de Tornquist – provincia de Buenos Aires – que hoy conforman las tierras pertenecientes a la Fundación, de las cuales poco más de 4.000 son utilizables para la actividad agropecuaria. Las mismas incluyen además tres cerros: el Tres Picos, el Funke y el Napostá.

Hoy en día estas tierras están protegidas por la Fundación y los que quieren acceder para conocer (lo cual les recomiendo) tienen que abonar un monto a quienes tienen la concesión de la parte de eco-turismo. En breve les cuento de eso.

Hogar Rodolfo Funke

Dentro de las tierras adquiridas por Rodolfo Funke, funciona desde su fallecimiento – según era su sueño – un hogar de alojamiento temporal con capacidad para 60 huéspedes con todas las comodidades, donde la comida es preparada en gran parte con alimentos provenientes de la estancia, ya que cuenta con explotación ganadera, apícola y frutales.

Sin embargo, el estatuto de dicho hogar establece que el acceso a las instalaciones es exclusivo para “alemanes y descendientes de alemanes y personas de otras nacionalidades que tengan conocimiento del idioma alemán o una vinculación familiar con una persona que domine el idioma alemán”, siempre de manera temporaria para restablecer su salud y gozar de vacaciones. Sólo en algunas oportunidades se perciben retribuciones por estos servicios, ya que está pensado para visitantes que no tienen posibilidades de ganar su sustento.

También se espera que los visitantes que se alojan en el lugar, según las condiciones antes mencionadas, puedan colaborar en las labores diarias.

Eco-Turismo en Estancia Funke

Si bien el estatuto del hogar es un poco cerrado en cuanto a los huéspedes que se admiten, dentro del predio, en el área de recepción, funciona un Albergue de montaña con capacidad para 36 personas y un área de acampe preparado para un número similar de personas, donde se cuenta además con baños con agua caliente, electricidad y facilidades para cocinar.

Gabriel y Junior antes de almorzar en el área de recepción de la estancia

A 5 kilómetros de allí funciona el Puesto Glorieta, a donde se puede acceder con vehículo propio y cuenta con otra área de acampe, baños con agua caliente y agua potable. Ya bastante más lejos, a varias horas de trekking y a los pies del Cerro Tres Picos se encuentra el área de acampe denominada El Corral, donde no se cuenta con ningún tipo de infraestructura ni servicios más que los provistos por la naturaleza, aunque sí están divididos los espacios para cada carpa.

Ascenso al Cerro Tres Picos

Desde hace poco tiempo son Rodolfo y Daiana quienes tienen la concesión del Eco-Turismo en Estancia Funke. Esta es la información actualizada de precios (Agosto de 2017):

PRECIOS ECO TURISMO EN ESTANCIA FUNKE

  • $110: Ida y vuelta en el día.
  • $200: Estadía + Pernocte en las sierras.

Comienza el trekking

El trekking + ascenso al Cerro Tres Picos – de apenas 1239 m.s.n.m – lleva un aproximado de 5 horas de ida y otras 5 de vuelta, por lo que se recomienda comenzarlo lo más temprano posible para que no se haga de noche si se quiere ir y volver en el día. Nosotros, en cambio, llevamos todo lo necesario para llegar por la tarde hasta el pie del cerro – lo cual demora unas 2 horas y media -, armar la carpa, hacer cima y volver al día siguiente luego del desayuno.

Los senderos no están demarcados con pintura, rocas o madera, aunque el continuo paso de senderistas por los mismos, hacen que no sea fácil perderse:

Si bien el cerro no tiene una gran altura, lo cual no “vende tanto”, los paisajes me parecieron muy distintos a muchos otros que he conocido a lo largo de mis viajes, en los que continuamente he realizado senderismo, ascendiendo a cerros de distintas alturas, en general de no más de 3000 metros. El lugar tiene un “no sé qué” que atrapa, hipnotiza y tranquiliza; miren esta foto – ¿no es preciosa? –:

Como podés ver, por momentos el paisaje se abría ante nuestros ojos dando una imagen de grandeza que sólo la naturaleza puede dar y donde nuestros sentidos se anulan ante tanta magnificencia.

Sigue el trekking…

En gran parte del camino, teníamos unos ascensos que, si bien no eran muy pronunciados, lo rocoso del terreno los hacía más complicados de lo que parecía:

Era maravilloso poder asomarse y que a lo lejos sólo se divisara verde y más verde, ya que no había rastro alguno de civilización, ni siquiera en el horizonte, y eso le daba un atractivo especial a la región:

Al rato, con esfuerzo pero sin mayores complicaciones ni desgaste físico, llegamos hasta El Corral y armamos la carpa para luego disfrutar del merecido descanso y almuerzo (en ese orden):

Ya satisfechos y descansados, fuimos a la cima del Tres Picos, tomando un pequeño desvío para pasar a conocer la Cueva de los Guanacos: 

He aquí el equipo en la cima:

Y una foto del paisaje desde el punto más alto de la provincia de Buenos Aires:

Bonus track: Charla de Cartografía y Supervivencia

Como en todo viaje, por más breve que sea, siempre hay alguna sorpresa. En este caso, al volver al campamento al caer la tarde, nos encontramos con Guillermo Tibaldi que estaba dando una charla de cartografía a la comitiva que había llevado al Tres Picos:

Nos anexamos al grupo y pudimos aprender algunas nociones de cartografía; al día siguiente por la mañana también disfrutamos de una charla de supervivencia. Guillermo cuenta con amplia experiencia en el tema y entre sus logros se encuentran dos ascensos al Aconcagua, la montaña más alta de todo el continente, con casi 7000 metros de altura.

Entre charla y charla, rápidamente llegó el atardecer:

Luego de éste llegó la noche y tras alimentarnos, se había terminado un nuevo día de nuestro viaje.

El día de la vuelta a casa

Nos levantamos temprano y contábamos con la cantidad justa de agua para el desayuno, pero no para mantenernos hidratados en la caminata de vuelta a la entrada de la estancia – donde estaba el auto que nos llevaría de vuelta a casa -, así que mientras algunos fuimos a buscar agua a una vertiente, otros se quedaron desarmando las carpas y preparando todo para el retorno.

Habíamos decidido almorzar al rato en el área de recepción, donde teníamos más facilidades para cocinar. Poco después se hizo la hora de emprender la vuelta.

Luego de un par de días con bastante actividad física, el retorno a pie fue bastante cansador, pero nuestros pulmones estaban rebosantes de aire puro y nuestros espíritus aventureros se sentían plenos por la experiencia vivida.

Como cada vez que concreto este tipo de salidas, la vuelta a casa conlleva un poco de nostalgia por los momentos atesorados y por la inevitable vuelta a la rutina. El atardecer, sin embargo, otorga siempre el marco ideal para el llamado a la reflexión y para darle rienda suelta a los proyectos de futuros viajes.


Esta fue la segunda entrega de la serie de dos capítulos de nuestra visita a Sierra de la Ventana, la primera está acá. Si te gustó, si tenés dudas o cualquier aporte, no dejes de compartirlo en la sección de comentarios, ¡Gracias por tu visita!