Mariano Cadeneau

Por En Estados Unidos, Norteamérica

Todo lo que querías saber antes de tu primer viaje a Estados Unidos

Información útil para quienes estén por hacer su primer viaje a Estados Unidos: primeras impresiones, visa y exención de visa (ESTA), recomendaciones para el equipaje y nos vamos de compras.

Inesperadamente, me voy a los Estados Unidos

Desde el año 2012 en que salí por primera vez de mochilero y conocí el norte argentino, mis distintos viajes han sido siempre por Sudamérica, ya que antes de conocer lugares en otros continentes, con una cultura bastante distinta a la mía y en muchos casos con otro idioma, era mi intención conocer primero mi país y luego los países hermanos con los que tanto tenemos en común: así recorrí casi todas las provincias argentinas, Bolivia, Perú, Chile, Uruguay y una pequeña parte de Paraguay y Brasil.

Años atrás tuve también el privilegio de conocer Europa, estando casi un mes en España con mi familia. Un viaje de esas características lo hubiera aprovechado hoy de otra manera, porque la experiencia de lo que es viajar de mochilero la descubrí después, pero creo que todo forma parte de un proceso, de un aprendizaje en el que cada paso es necesario y que no podemos dar uno sin haber dado el anterior. Ese viaje me marcó mucho y fue de gran importancia en mi vida, ya que pude recorrer calles con cientos de años de historia y fue un antes y un después para este joven viajero.

Por todo lo que les cuento, lo cierto es que no tenía en mente por el momento pisar otro continente, sin antes conocer mejor el resto de Sudamérica: profundizar en Brasil y Paraguay y visitar por primera vez Ecuador, Colombia, Venezuela, las Guyanas y Surinam. A esos lugares les seguiría Centroamérica y luego tal vez – Norteamérica, en algún viaje futuro. Pero si uno es flexible, todo “plan” puede cambiar y en lo personal me gusta que eso suceda, que haya nuevos desafíos.

Sin más preámbulos, lo que me llevó a Estados Unidos entonces no fueron unas vacaciones o una decisión mía de visitar el país por algún congreso o evento, sino que la oportunidad vino a través de mi trabajo actual: el Viernes 2 de Octubre me estaban confirmando lo que unos días antes me habían comentado que era sólo una posibilidad y, habiendo aceptado el desafío, el Miércoles 6 de Octubre me estaba embarcando hacia “America” (inserte aquí pronunciación estadounidense, en idioma inglés y, por lo tanto, sin tilde en la “e”).

Sección de información burocrática (vale saltearla)

Como muchos de ustedes sabrán, viajar a los Estados Unidos tiene algunas dinámicas distintas a las de muchos países, así que voy a repasar algunas de ellas. Quienes estén familiarizados con el tema, están invitados a saltear esta sección.

Primero que nada, los ciudadanos de gran parte del globo necesitan una visa para entrar en territorio estadounidense, ya que sólo 38 países están exentos de esto. Entiendo que el costo de la misma varía, pero por ejemplo para el caso de los ciudadanos argentinos la visa de turismo o negocios (además de estos otros tipos: tránsito, tripulante, estudio, visitante de intercambio, y periodistas) tiene un costo de 160 dólares y, para peor, puede ser rechazada sin derecho a recuperar el dinero. De cualquier manera, sólo a una minoría de los aspirantes se les rechaza la visa, pero no por eso hay que dejar de tenerlo en cuenta. Entiendo que el foco de los examinadores está puesto en que uno no quiera ir a los Estados Unidos y pretenda quedarse más de la cuenta.

Yo tengo la suerte de ser ciudadano europeo, y al tener pasaporte español, no necesito visa, sino que sólo debo realizar un trámite online, que cuesta 14 dólares y que se llama ESTA; dejando los chistes fáciles que se le van a ocurrir al 90% de los argentinos que lean este post, esa sigla significa “Electronic System for Travel Authorization”, o algo así como “Sistema Electrónico para Autorización de Viaje”. El trámite ESTA puede ser rechazado también, pero es mucho menos probable que eso suceda con este trámite que con el de la visa.

Segundo, después del famoso 9/11 (me refiero al atentado a las Torres Gemelas del año 2001), los controles en los aeropuertos se han intensificado bastante: a todos los pasajeros se los obliga a sacarse los zapatos y pasar por un escáner especial, además de los ya conocidos vaciamientos de bolsillos y visita al escáner de todas nuestras pertenencias, sin faltar de despedida el tanteo en busca de objetos extraños de manera personalizada.

Como bonus track, minutos antes de todos esos chequeos, yo tuve el “honor” de ser invitado a una sala “VIP” en donde abrieron y revisaron TODO mi equipaje, preguntándome por distintos objetos que, a criterio de la examinadora, parecían sospechosos. Estaba muy agradecido con tal gesto, sobre todo por los dos trajes que llevaba en mi valija que hicieron más que sencillo el volver a armarla, ¡Gracias totales y bienvenido a los Estados Unidos de América!

Adicionalmente, en cada uno de los puntos posibles (check-in, despacho de equipaje, abordaje, etc.) se hacían una serie de preguntas de rigor que podían incluir algunas o todas las siguientes más las que se me estén olvidando:

  • ¿A qué se dedica?
  • ¿Cuál es su residencia?
  • ¿Qué motivo lo trae a los Estados Unidos?
    • Al contestar negocios, me preguntaban:
      • ¿Con qué empresa? ¿Dónde se encuentra la misma?
    • ¿Cuántos días se va a quedar en el país? ¿Dónde?

Finalmente – en el relato, porque en realidad sucedió al principio del viaje –, al despachar el equipaje en Argentina, en la aerolínea chequearon mediante algunas preguntas de que el equipaje sea mío, de que no esté transportando nada para nadie, de que no lleve armas, drogas, objetos inflamables y todas esas cosas que uno puede querer llevar especialmente a los Estados Unidos, ¿verdad? Y sobre todo, si en efecto lo quisiera llevar, seguro que es una gran idea declararlo abiertamente. En fin, sigamos…

Consejo adicional sobre el equipaje

Si van a volar, les recomiendo informarse previamente de la cantidad de bultos que pueden transportar sin costos adicionales, ya sea como equipaje de mano o despachándolo, porque esto cambia según la aerolínea, el vuelo, la categoría que hayan adquirido, entre otros factores. Si van a pagar ese adicional, querrán hacerlo sabiéndolo de antemano y no encontrarse con esa sorpresa en el aeropuerto, especialmente si el motivo de su exceso de equipaje fue una gran cantidad de compras en el exterior.

Para darles un ejemplo, volé a Estados Unidos por Delta y me permitía despachar dos bultos, de hasta 22 kgs. cada uno. A la ida, mi valija pesaba 20 kgs., por lo que no había problema alguno. A la vuelta, sin embargo, sabía que con las compras que iba a realizar en el exterior, iba a estar superando por algunos kgs. ese valor permitido, por lo que llevé conmigo y dentro de la valija – mi mochila de 45 lts., vacía a la ida.

Confirmando mis sospechas, al comenzar el retorno a Argentina, en el aeropuerto de Seattle pesan mi valija a despachar y estaba excedida en 4 kilogramos de lo permitido, pretendiendo Delta cobrarme la módica suma de US$100 por ese exceso relativo. Para cobrar son rápidos en todo el mundo, pero le recuerdo mis derechos y, reconociendo que tenía razón, me dicen que tengo 49 minutos para hacer esa maniobra de dividir mis pertenencias en dos bultos de hasta 22 kgs. Acepto el desafío y en unos 15 minutos ya había repartido mis cosas entre la valija y la mochila, despachando sin problemas ni costos extra. Fin de la historia.

Primeras impresiones de los Estados Unidos

Estando en Buenos Aires o inclusive de viaje por Sudamérica conocí a muchos estadounidenses. Con varios de ellos hice una muy buena amistad y conservo el contacto al día de la fecha. Viajar me enseñó a no generalizar – si bien a veces uno sigue cometiendo ese error –, por lo que no me fui con (tantos) prejuicios en mi equipaje que tengan que ver con distintas facetas que suelen describir al país como la de la capitalismo extremo o la militar; son temas políticos que de ninguna manera pueden representar a todos sus habitantes. La sospecha que sí pude confirmar allá es que un país bastante caro para el bolsillo sudamericano, en particular para el del argentino promedio, aunque en esta oportunidad no pagué por ninguno de mis gastos, salvo por mis compras personales. Lógicamente, rebuscándosela uno siempre puede reducir bastante los costos del viaje, sólo que esta vez en particular no me hizo falta.

Me encontré en los Estados Unidos con que la atención al cliente es en general excelente: son muy serviciales y educados y en los distintos lugares, ya sean restaurantes, shoppings, museos y otras atracciones turísticas, entre otros, me encontré con que había una óptima cantidad de personal para satisfacer dudas y, por sobre todas las cosas, para vendernos algo: ya sea un producto o servicio en particular, gift cards, membrecías, etc.

Un símbolo norteamericano nacido en Seattle: Starbucks

Alguna excepción hubo, como es de esperarse, pero ha sido eso solamente, una excepción a la regla y lo comentaré en breve, en este post o en otro.

Por otra parte, me quedó más claro aún que es un país enorme y si bien las grandes ciudades no me atraen en particular, aunque alguna vez querré conocer New York, lo que sí me atrapan son sus numerosos parques nacionales y otras reservas naturales, que quedarán para otro viaje.

Luego de una breve escala en Atlanta, lo suficientemente corta como para no poder dejar el aeropuerto, puedo decir que sólo conocí esta vez en los Estados Unidos la ciudad de Seattle y sus alrededores. Sin embargo, pude ir un fin de semana a Vancouver, ciudad canadiense que queda a unos 200 kms. de dicha ciudad estadounidense, cumpliendo mi sueño pendiente de conocer Canadá en otoño y tachando uno de los 50 items que había anotado en mi bucket list, que los invito a visitar.

Estación de Trenes de Vancouver, pequeño adelanto de lo que será un próximo post…

Me encontré en Seattle con una ciudad de arquitectura moderna, verde, con una gran cantidad de parques y plazas, con lagos integrados en la urbe y varias montañas en sus alrededores. Si bien hay un downtown, un equivalente al microcentro de la ciudad de Buenos Aires, no noté para nada que ni las empresas ni las residencias de sus habitantes estén concentradas de una manera excesiva en ninguna zona en particular. El transporte público es muy eficiente, aunque para conectar los puntos suele hacer falta hacer alguna combinación. Por ese y por otros motivos que escapan a lo práctico (estatus, comodidad, entre otros) hay una gran cantidad de autos, pero sin embargo la infraestructura de la ciudad parece afrontar muy bien los desafíos que eso significa.

Seattle es además un lugar donde la tecnología está integrada en la vida diaria de una manera mucho más intensiva que en lo que se puede ver en Argentina – entiendo que será similar en muchas otras ciudades estadounidenses –, por ejemplo, en casi todos los baños públicos las canillas y secadores de manos tienen sensores que se disparan automáticamente, se puede pagar prácticamente TODO con tarjeta,  hay mucho auto-servicio: podemos pagar el supermercado, cargar combustible o comprar un diario sin necesitar un vendedor, aunque siempre hay alguien observando. Dejemos de lado un análisis más exhaustivo de este fenómeno.

Seattle – en realidad Redmond, que está cerca y es una ciudad en sí misma – es además la ciudad que vio nacer y que aloja actualmente a una pequeña empresa de sistemas que se ha dado en llamar Microsoft y que muchos conoceremos por sus célebres Windows y Office, entre otras cosas. Estando en Estados Unidos me enteré de que desde el 2014 el famoso Bill Gates no está ejerciendo ya como director de la empresa, sino que se desempeña como asesor tecnológico y, desde luego, es accionista mayoritario de la compañía. Hoy dedica gran parte de su tiempo a la filantropía, a través de una fundación que tiene con su esposa Melinda.

Volviendo al tema, les cuento que no esperaba mucho de la ciudad y sin embargo superó todas mis expectativas con creces; es más, si existiera la posibilidad – estamos trabajando en eso – es un lugar donde me encantaría vivir por unos meses, eso sí, para la próxima que sea con mi compañera de aventuras, que no pudo estar conmigo en esta primera visita de un par de semanas.

Declaración de objetos al salir del país

Muchas personas no lo saben, pero hay ciertos objetos que deben declararse al salir del país, en especial aquellos tecnológicos más nuevos: laptops, celulares, tabletas (especialmente los de Apple) y cámaras réflex con sus respectivos lentes son los mejores candidatos a declarar. De no hacerlo, al reingresar al país se pueden encontrar con que les pidan pagar impuestos sobre un objeto que en realidad no compraron en el exterior – o al menos, no en esa oportunidad –. Así que presten atención en aquellos objetos caros que estén sacando del país e infórmense de si deberán o no declararlo. Se puede adelantar el trámite online aquí, aunque un oficial de aduana deberá verificar esa información cuando salgan del país.

Hecha la aclaración, antes de despedirme, les dejo una sección que puede ser de interés para muchos de ustedes…

De compras en USA

Mi estadía fue en la ciudad de Bellevue, a unos 15 kms de Seattle, donde hice mis compras. Sé que en otras partes de los Estados Unidos los precios son inferiores para muchos rubros, pero el hecho de haber aprovechado tener todos los gastos pagos durante el viaje, hizo que las compras realizadas fueran más que convenientes. No había cuenta posible dentro de mis necesidades que justificara un vuelo interno para conseguir mejores precios y tampoco consideré que valiera la pena comprar en línea y pedir entrega en el hotel, ya que compré mayormente indumentaria del tipo outdoors y son compras que uno quiere ver (y no por fotos) y sobre todo probarse, antes de adquirir.

Local de REI en Seattle, paraíso de todo mochicheto (categoría entre la que me estoy incluyendo, jeje)

También había a unos 30 kms. unos “premium outlets” a los que podía acercarme, pero no quise invertir mi tiempo en eso, prefiriendo dedicarlo a conocer la ciudad y sus alrededores, haciendo las compras en el centro – o “Downtown” – de Seattle, donde había una gran oferta de productos de todas las marcas que se me pudiera ocurrir y de muchas otras que conocí allá.

Lo otro que encontré en Seattle es un local de Best Buy, sitio que muchos conocerán por ser un portal online con una gran variedad de productos y excelentes precios del rubro tecnología, aquí lo pueden ver:

Ahora les voy a dar un par de ejemplos de qué compré, a qué precio y cuánto me hubiera costado en Argentina y en pesos el mismo producto. Si su interés está en el mismo rubro, están de suerte, sino probablemente esto no les sea tan útil y, en ese caso, los invito a comparar precios haciendo las cuentas necesarias, utilizando como referencia Mercado Libre, para Argentina y Amazon, para los Estados Unidos. No es desde luego determinante, pero creo que sin lugar a dudas les sirve como para tener una idea bastante aproximada a la realidad.

Vamos primero con un producto del rubro outdoors:

  • Cantimplora Klean Kanteen de 1,25 lts:
    1. Argentina: AR$900
    2. USA: US$29,95 = AR$383,06 (precio en pesos argentinos, comprada en Estados Unidos con tarjeta).

Para este primer caso, el ahorro fue de más de 500 pesos, un 135% más. Veamos otro caso, ahora del rubro tecnología:

  • Pendrive Sandisk Cruzer Blade 16 GB:
    1. Argentina: AR$149,99
    2. USA: US$5,99 (precio encontrado en el local) = AR$77 – menos de la mitad, esto es, un 100% menos -. 

Y otro caso más, también del rubro tecnológico:

  • Ereader Nook Glowlight:
    1. Argentina: AR$2980
    2. USA: US$108,5, con impuestos = AR$1396,4 (en este caso, también menos de la mitad)

Como verán, no hice compras importantes. La cuestión es que para productos más caros, esa diferencia porcentual se mantiene, disparándose la diferencia monetaria entre comprarlo acá o afuera.

¿Y por qué esa diferencia de precios?podrán preguntarse. Es de público conocimiento la situación de la moneda argentina, el peso: en el país hemos sufrido más de 10 años de una inflación sostenida de dos cifras, estimada entre un 30 y un 40%, además de una devaluación importante de la moneda con respecto al dólar estadounidense (y con respecto al peso uruguayo, peso boliviano , el real, yen, …). Además hubo una serie de medidas – sobre las que no voy a extenderme – que elevaron de manera importante el costo de los productos importados y tenemos así diferentes cotizaciones del dólar. Cuando uno hace compras en el exterior con tarjeta, la cotización que aplica es denominada dólar turista o dólar tarjeta y su precio es el de la cotización oficial (de carácter casi ficticio, porque casi nadie puede comprar dólares a ese precio) incrementada en un 35%.

Ese incremento es en realidad una retención, que quienes pagan ganancias o bienes personales pueden deducir de lo que el gobierno les retiene mensualmente. Quienes no sufran retenciones no pueden deducir ese monto y pueden exigir la devolución del mismo a partir del inicio del siguiente año fiscal, en este caso, el 1ro de Enero de 2016. Eso sí, entiendo que para esto hay una serie de trámites a realizar y, en la práctica, todavía no pude encontrar ni un solo testimonio de alguien que en esta situación haya recuperado estas “retenciones”; parece entonces que, para esos casos, más que retenciones son impuestos disfrazados. Si ustedes tienen información para aportar al respecto, será más que bienvenida.

Ahora bien, la pregunta es ¿Cuánto pueden comprar en el exterior? En realidad no hay un límite en el monto a comprar, pero sí en el valor máximo antes de tener que pagar impuestos, llamado “franquicia”: el límite que tenemos en Argentina ingresando via aérea es de 300 dólares por pasajero, pudiendo acumularse para grupos familiares (esto excluye novias). Por ejemplo, si uno viaja con su esposa, la pareja puede ingresar a Argentina 600 dólares en compras entre los dos; a los menores se les permite un límite de US$150, luego una familia compuesta por cuatro integrantes, dos mayores y dos menores, podrá ingresar compras al país por un valor de US$300×2 + US$150×2 dólares, esto es, US$900. Al excederse del valor permitido libre de impuestos, uno debe abonar una multa del 50% del valor excedido. Por ejemplo, si reingreso a Argentina habiéndome comprado una laptop de 1000 dólares, como se me permiten hasta US$300, deberé abonar el 50% de los US$700 excedidos, esto es, US$350.

Aclaro que uno debe declarar previamente todas las compras realizadas en el exterior (de aquellos rubros especificados) y presentar esta declaración jurada en la aduana, para que ellos determinen el valor a abonar, en caso de ser necesario. En la práctica, no todos los pasajeros son inspeccionados y, por lo que me comentaron varias personas, hay mucho de portación de cara en el hecho de ser elegido o no para esto, si uno está nervioso o no, si se tiene una gran cantidad de equipaje, etc.; todos esos son factores de riesgo si uno quiere pasar desapercibido con un eventual exceso en el monto permitido.

Lo correcto es informarse adecuadamente sobre qué objetos deben ser declarados y listarlos en el formulario de aduana que se debe presentar; en la práctica, van a encontrarse con que uno, como pasajero, quiere evitar pagar impuestos de ser posible y los empleados aduaneros están haciendo su trabajo, salvo aquellos que buscan algún beneficio personal y aceptan o piden coimas; que los hay, los hay.

Finalmente, el hecho de que sean o no inspeccionados depende mucho del día y horario en que lleguen, de dónde (los vuelos de Miami son sujetos a controles en general, porque los argentinos suelen venir cargadísimos de allí), de si su vuelo se junta con otro con muchos pasajeros, como me pasó a mi hoy, etc. En este último caso, es tanto el volumen de gente que se ve que no dan abasto con el personal para controlar de manera ordenada, por lo que deciden, por lo contrario, hacer un control mínimo pasando los equipajes por el escáner.

Como ven, no hay reglas claras y uniformes para todos los casos, sino que hay varios factores a tener en cuenta.


Este fue mi primer post que tiene como protagonista al continente norteamericano. En próximas entregas, les voy a estar contando acerca de mi experiencia en Seattle y en Vancouver. Para quienes me vengan siguiendo y sepan cómo viajo – esto es, mochileando en general -, notarán en estas entradas una ausencia de consejos mochileros que tengan que ver con alojamiento, comida y movilidad, esto tiene que ver con que viajé por trabajo y tenía esos gastos cubiertos. Si tienen alguna consulta de esa índole, de todos modos pueden consultarme en la sección de comentarios y tal vez pueda ayudarlos.

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2 Respuestas a Todo lo que querías saber antes de tu primer viaje a Estados Unidos

  1. Susana Aceña dice:

    Muy bueno! Igual yo espero más lo del tema ciudad y fotos!

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