Mariano Cadeneau

Por En Argentina, Perú, Sudamérica

Crónica de mi vuelta a casa de Lima a Buenos Aires

Esta es  la primera parte de la crónica en la que cuento cómo recorrí los poco más de 4000 kms. que separan Lima de Buenos Aires en 8 días, superando algunos desafíos inesperados y gastando lo menos posible. En esta entrega, llegamos hasta La Quiaca (en Jujuy, Argentina), recorriendo casi 2400 kms. en 6 días.

De Lima a Buenos Aires, Día 1 – Domingo 30 de Marzo

Comienza la vuelta a casa

La fecha elegida para comenzar el retorno fue el domingo 30 de marzo. En ese momento, me encontraba en Lima y había decidido postergar la vuelta un día por un evento al que fui invitado, que tiene que ver con la educación alternativa (si les interesa el tema, dense una vuelta por este post), porque ahora les voy a contar acerca de la larga e intensa – aunque entretenida – vuelta a casa.

La infaltable pasada por el mercado antes de emprender viaje

El primero de los días de retorno comenzó en el barrio de Bocanegra en Callao, donde me recibieron de la red viajeros.com y me quedé tres noches. Allí fue que me levanté bien temprano para ir a aprovisionarme al mercado, rutina que se repitió en distintas ciudades y pueblos de Bolivia y Perú, debido a la variedad y buenos precios de estos lugares. Compro en el mercado algo de fruta; verdura, queso y pan para hacer sandwiches (tomate, lechuga y palta); un marcador para hacer los carteles para hacer dedo (debido a que el anterior comprado en Bolivia se me secó porque se me destapó dentro de la mochila) y finalmente canjeo un libro: Tenía “Ensayo sobre la ceguera” de José Saramago, que había terminado hace un par de días, y me lo cambian sumando 2 soles (menos de un dólar) en un trueque por “Mi planta de naranja-lima”, de José Mauro de Vasconcelos; libro que me habían recomendado ya un par de veces.

Me despido del mercado disfrutando un emoliente, una bebida a la que se le atribuyen propiedades medicinales y que se elabora en base a cebada, azúcar y jugo de limón, además de una combinación de hierbas que dependen de quien lo prepara. Quien preparó la bebida que compré no sólo que tenía la destreza y movimientos de un buen barman en la preparación de las bebidas, sino que también parecía ser un referente para los locales en la preparación de bebidas medicinales para curar distintos males. De más está decir que ese emoliente era todo un elixir.

Últimos preparativos y partida

Vuelvo a mi base de operaciones, desayuno, termino de preparar mis cosas, me despido de mi anfitrión Edison y parto rumbo a casa, por primera vez en casi 3 meses. Siendo el mediodía de un día domingo; mi otro anfitrión Ricardo, de Costa Rica y Mauricio, el otro huésped de Colombia, dormían plácidamente así que debo dejarles mis saludos a través de Edison. Tomo un primer transporte para bajarme después de una hora y media en la estación de Metro Atocongo. Allí es un punto de confluencia importante para tomar en Lima transportes hacia la parte sur del distrito, a donde yo apuntaba. Tomo entonces un bus destino Mala, que queda a 80 kms. de la ciudad de Lima, pero me bajo en el peaje del km. 43 en la localidad de Punta Negra, con la idea de hacer dedo para seguir viaje.

Avanzo un par de tramos a dedo

Tenía el dato de que el Peaje de Punta Negra sería un buen punto para buscar un aventón, pero me encuentro con que el pago de peaje era sólo dirección Lima y que donde estaba yo parado, no había ningún motivo para que los autos redujeran su velocidad, lo que hizo un poco más difícil la posibilidad de que alguien pueda verme, chequear el destino indicado en el cartel que hice, decidir si le inspiro confianza para detenerse y en caso afirmativo hacerlo a una distancia prudencial en la banquina. Afortunadamente me lleva menos de una hora conseguir que me levanten, aunque sólo pueden alcanzarme hasta Mala, lugar donde inicialmente podía llevarme el bus y por poca diferencia monetaria.

De todos modos, fue entretenida la experiencia y conozco en la misma a Orlando, quien me levanta en un Hyundai negro y me cuenta que iba a buscar a un tío en Asia, unos kms. después de donde me ofrece dejarme, ya que allí tendría más posibilidades de que me levanten. Él se muestra muy curioso por mi viaje y en particular por mi experiencia en Perú: Me pregunta qué comidas y lugares me gustaron más, qué tal me trató la gente en su país, si volvería, qué lugares me quedan pendientes, entre otras cosas. Este gesto se repitió muchas veces y puedo decir que me cautiva el interés de los peruanos en la experiencia de quienes visitamos su país, es algo que me hizo sentir muy cómodo en mi paso por allí.

Como habrán visto en la foto, el cartel que estaba utilizando, en lugar de indicar la próxima ciudad importante o pueblo al que me dirigía, decía “A casa”. Esto llamaba la atención de los conductores y en Mala  donde estaba buscando adelantar a dedo un tramo más de los más de 4.000 kms. que me separaban de mi hogar – en los primeros 15 minutos paran tres vehículos distintos, especialmente movidos por la curiosidad que les daba el cartel, en uno de ellos me dicen que sólo iban a 2 kms. de allí pero querían saber dónde era mi casa; los otros dos iban allí cerca y no eran puntos estratégicos tan buenos para seguir haciendo dedo ni tomar un bus como plan B si el dedo no funcionaba.

Espero unos 40 minutos más y Jean Paul, que había parado en un puesto a comprar agua y galletas en su Toyota Hilux 4×4 ve mi cartel que había sido cambiado a indicar Ica, me dice que va a Chincha, ciudad que queda a unos 150 kms. de allí, ofrece llevarme y acepto el ofrecimiento. Jean Paul también se muestra interesado en conocer cómo fue mi experiencia en Perú y hace foco, al igual que Orlando, en los lugares y la gastronomía. Me pregunta por el famoso Machu Picchu y le cuento que lo visité gracias a un camino alternativo que recorrí en moto con dos amigos (cuyo relato está aquí), el cual él no conocía. Su generosidad en levantarme le es retribuida con – además de la compañía para el viaje – información turística de primera mano de Bolivia, Argentina y Uruguay; países que él visitaría próximamente y que yo había visitado recientemente. Me cuenta también de algunos lugares que le gustan de Perú y de la empresa familiar para la que trabaja, el viaje pasa así volando para llegar alrededor de las 17.30 a Chincha, ya distrito de Ica, dejando atrás el distrito de Lima.

Y seguimos avanzando, pero en bus

Estando a una hora de que me abandone la luz del astro rey, decido apuntar a un bus (o colectivo, como decimos en Argentina). Donde me encontraba, en Chincha, la mejor opción era ir a la ciudad de Ica y desde allí seguir viaje hacia el sur, apuntando a Arequipa, así que saco un pasaje a Ica, a donde salgo a la media hora y llego dos horas después, a eso de las 20.

Al llegar a la terminal de la ciudad de Ica, la gente me decía que hasta el día siguiente no habría servicios de bus a Arequipa. Decido no quedarme con los primeros testimonios y seguir preguntando, para encontrar a dos cuadras otra terminal en la que se ampliaban mucho los destinos y los horarios para ir a los mismos. Resulta que en Ica había varias terminales, algunas de partidas, otras de llegadas, unas para algunos destinos, otras para otros destinos, etc. En el rato que estuve allí no pude descifrar el criterio con el que estaban divididas y si bien no creo que sea tan complejo, no era muy intuitivo tampoco. Finalmente, encuentro en esa otra terminal una salida a Arequipa para las 21.30 horas con la empresa Romeliza. Por 50 soles (1 Dólar = 2.80 Soles), 10 soles más que el de la empresa CIVA y por el mismo precio que otras empresas, viajo en un bus semicama, pero recibiendo una cena que me sorprende gratamente:

En la foto pueden apreciar mi cena, que consistió en un pollo con bastante sabor, con un aderezo tipo huancaina, con un toque dulzón, arroz y papas y una pequeña gelatina de postre, un manjar para este joven mochilero. Todo esto fue inesperado, así que minutos antes de subir al bus había comido un par de sandwiches y quedo más que satisfecho cuando encima de los mismos incorporo el pollo y su guarnición. Así, luego de todo lo andado, termino el día bastante tranquilo, recorriendo el tramo entre Ica y Arequipa en bus cómodamente.

Balance del día

  • Kilómetros recorridos: 294 (Lima a Ica) + Una parte de los 726 que separan a Ica de Arequipa.
  • Dinero gastado: 61,5 soles (unos 22 dólares), pero teniendo en cuenta que ese gasto incluye la comida del mercado para unos dos o tres días y el pasaje hasta Arequipa, lugar al que llegaría el día siguiente.

 Día 2 – Lunes 31 de Marzo

Estadía en Arequipa y camino a Desaguadero

Llego por la mañana a la ciudad de Arequipa, bastante descansado y bien alimentado, con ánimo para pasar un par de horas fuera del bus y seguir camino. El siguiente destino era Desaguadero, la frontera de Bolivia con Perú, a donde quería llegar en bus, hacer los trámites migratorios, cruzar caminando a Bolivia y de allí tomar otro transporte a La Paz. Esta alternativa, me decían varios viajeros, era mucho más económica que tomar algo directo de Lima o Arequipa a la ciudad de La Paz.

Sin embargo, el tema era que unas 8 horas separaban a Arequipa de Desaguadero, por lo que tomando alguno de los siguientes buses que salían en horas del mediodía, llegaría a la frontera de noche. Sabía que las ciudades fronterizas son en general un poco peligrosas, de noche esta condición no mejora. Además, las oficinas migratorias no están abiertas. Decido entonces sacar un pasaje para salir a las 20.30 de Arequipa, así llego a Desaguadero temprano a la mañana para hacer los trámites migratorios y seguir camino hacia La Paz y ahí decidir si quedarme a descansar una noche en la ciudad o dirigirme directo a Villazón (ciudad fronteriza con Argentina).

Eran en Arequipa las 11 de la mañana y mi bus salía en unas 10 horas, por lo que tenía muchas horas para “matar” y no quería pasar ese tiempo en la terminal. Dejo entonces mi mochila grande en un guardaequipajes y salgo a caminar, dirección centro de la ciudad. Recuerdo en el camino que había un contacto de CouchSurfing a quien no había podido visitar en mi paso anterior por el distrito y decido llamarla para ver si podíamos llegar a conocernos y compartir la tarde aunque sea. Daysi salía del trabajo a las 16.30 y quedamos en encontrarnos en la Plaza de Armas (así se le llama en Perú a las plazas centrales de las ciudades) en ese horario.

De la terminal de Arequipa al centro había un buen tramo y, al igual que en Bolivia, noto que en Perú la gente no está acostumbrada a caminar demasiado, por lo que al consultar por la distancia entre ambos puntos, varios desalentaban mi caminata porque tardaría mucho. Una persona inclusive me aseguró que serían como dos horas para llegar a destino. De todas formas, como no tenía apuro decido seguir caminando, aunque al rato me doy cuenta que eran poco más de 40 cuadras, por lo que demoro menos de una hora en vez de las dos horas prometidas. Eso sí, a mí el ejercicio me da hambre, así que hago una parada técnica al mediodía en un chifa (lugares donde sirven comida fusión oriental-peruana) y me deleito con un menú de Sopa Wan-Tan + Arroz Chaufa con pollo y vegetales que me cuesta unos 2,5 dólares.

Luego del almuerzo, hago una compra en el mercado local y me instalo a esperar a Daysi unas 3 horas en un café que me pareció ideal por tres motivos: no había mucha gente, tenía WiFi y precios accesibles. Allí estuve investigando alternativas para volver a casa y cuando ella llega charlamos un buen rato. Alrededor de las 18 me acompaña a la terminal y se queda conmigo hasta que sale el bus a las 20.30. Daysi es comunicadora social y trabaja para Arequipa en la división de alerta y prevención de desastres, por lo que aprendo mucho a través de su experiencia. Compartimos experiencias viajeras y me recomiendan festividades y eventos imperdibles de su país.

El día termina en el bus camino a Desaguadero, donde converso con una jubilada originaria de Chiclayo que vive en Cajamarca y que, por lo que cuenta, viaja bastante. Ella estaba yendo a visitar familia que tiene en La Paz y, al igual que yo, buscaba la manera más económica de llegar a destino. La conversación se interrumpe cuando nos distraemos con una película coreana (al menos creo que era coreana) muy interesante que estaban pasando. Luego de su final, nos dedicamos al descanso.

Balance del día

  • Kilómetros recorridos: 726 (Ica a Arequipa) + Una parte de los 400 que separan a Arequipa de Desaguadero.
  • Dinero gastado: 53,7 soles (unos 19 dólares), incluido el pasaje hasta Desaguadero, lugar al que llegaría el día siguiente.

Día 3 – Martes 1 de Abril

Desaguadero, cruce a Bolivia y parada obligatoria en La Paz

Alrededor de las 6 de la mañana llego a la terminal de Desaguadero acompañado de una lluvia torrencial. Espero una media hora, pero el clima no afloja y como sé que cada minuto que pasa implica la presencia de más gente en la fila de migraciones, decido prepararme para la ocasión – piloto, cubre-mochila y demás – y enfrentarme a la adversidad.

Realizando los trámites migratorios

Por suerte, sólo unas cinco cuadras me separaban de la oficina de migraciones de Perú, por lo que no me mojo demasiado en el camino, aunque la fila no era precisamente bajo techo. En la espera, la gente hacía caso omiso de los lugares en la fila y se adelantaban a los lugares que les correspondían en grupo y/o individualmente. Las personas estaban relativamente tranquilas y no entraban en discusiones ante este tipo de comportamiento. Alrededor de las 7.30 hora de Perú, la fila comienza a moverse y en poco más de media hora concreto el trámite correspondiente a la salida del territorio peruano sin mayores contratiempos, ni espera.

El trámite de ingreso a Bolivia sí fue bastante largo y poco ágil: Demoramos unas tres horas en concretarlo, en las que había poco espacio y la fila daba varias vueltas dentro de un espacio cerrado bastante acotado. La gente estaba nerviosa y reclamaba “¡Avancen!” continuamente, sin haber posibilidades de hacerlo. Más allá de la impaciencia y mal humor esperables, no hubo mayores inconvenientes, sólo mucha lentitud y para las 11.30 (hora de Bolivia), ya contaba con los trámites migratorios necesarios para continuar viaje.

Camino a La Paz en paz

Con la tranquilidad (o la paz) de tener los papeles en orden, vuelvo al lado peruano a cambiar los pesos bolivianos (Bs. en adelante) que me quedaban, ya que me habían dicho que del lado boliviano no daban buen cambio por los soles peruanos. Compruebo que dicho cambio de moneda era efectivamente mejor del lado de Desaguadero, Perú.

En el lado boliviano de la frontera, consigo en horas del mediodía un bus que me llevaría a La Paz por 10 Bs., aunque no a la terminal principal sino a la zona del Cementerio. En el bus, veo dos caras conocidas, a dos mochileras que había visto en 3 ocasiones:

  1. En el bus de Arequipa a Desaguadero.
  2. En la terminal de Desaguadero, temprano en la mañana.
  3. En la oficina de migraciones de Bolivia.

En Argentina decimos “la tercera es la vencida” y decidimos, luego de cruzarnos por tercera vez, seguir el viaje juntos, llegando a la ciudad de La Paz después de dos horas y media de viaje. Desde donde nos dejan, tomamos un bus a la terminal y allí nos enteramos de que los mineros tienen paralizado prácticamente a todo Bolivia, bloqueando numerosos puntos a lo largo de las carreteras del país y armados con armas blancas, de fuego y dinamita.

Un merecido descanso

Ante los bloqueos, el descanso no era sólo una necesidad, sino también una obligación. Encontramos junto a mis compañeras de viaje Sabina y Salomé de Mar del Plata un lugar donde quedarnos con ducha y WiFi por 100 Bs. los tres. Salomé no se sentía del todo bien, así que se queda descansando mientras Sabina y yo vamos a almorzar, consiguiendo por 15 Bs. cada uno una sopa italiana, tallarines con pollo y una compota de postre. Después de satisfacer nuestro apetito, vamos al Mercado Municipal a hacer unas compras y volvemos al Alojamiento alrededor de las 17. De allí ya no saldría, aunque sí las marplatenses, quienes visitarían a unos amigos en un hostel cercano.

En esas horas, me dedico principalmente a leer, escribir y escuchar música; todo sin moverme demasiado de la cama. También allí ceno un par de sanwiches vegetarianos y poco después me uno al club de los sueños.

Balance del día

  • Kilómetros recorridos: 515 (Arequipa a La Paz).
  • Dinero gastado: 60 Pesos Bolivianos (unos 8,5 dólares). Como les contaba antes, el pasaje hasta Desaguadero lo había comprado el día anterior. 

Día 4 – Miércoles 2 de Abril

¿Podremos salir de La Paz?

Me levanto temprano para tomar el desayuno y darme una vuelta por la terminal para ver si teníamos buenas noticias a nuestra espera. Lamentablemente, la situación era la misma: Incertidumbre total.

Vuelvo a nuestra morada para darle la noticia a las chicas alrededor de las 11 y recién estaban levantándose. Decidimos dejar las cosas unas horas en el alojamiento para ir a hacer algunas compras y cambiar dinero. En esta salida, vamos hablando con la gente, para ver qué perspectiva tienen del conflicto y de una potencial solución, pero nadie nos ofreció un panorama claro. El único que nos aportó algo fue un policía boliviano, que mencionó el consulado argentino y se nos ocurrió acercarnos al lugar, para saber si había alguna alternativa para volver a casa.

Sin mucho que perder, nos dirigimos entonces al consulado, pero nos lleva como una hora llegar al lugar, ya que quedaba bastante lejos de donde nos encontrábamos y tuvimos que pedir indicaciones varias veces, siendo varias de ellas erradas. Finalmente, logramos encontrarlo pero siendo la 1.45 PM estaba cerrado. De cualquier manera, descubrimos después que, por más que hubiéramos llegado antes, también lo hubiéramos encontrado cerrado, pues era 2 de Abril, feriado en Argentina:

Sin más cartas bajo la manga, decidimos emprender la vuelta al hostel, comprando de camino lo necesario para poder hacer sandwiches vegetarianos para consumo personal y venta. Sí, habíamos decidido, ante la imposibilidad de seguir viaje y con los gastos que esto ocasiona, intentar recaudar dinero vendiendo comida, ya que varios mochileros nos habían contado que, de querer generar ingresos a través de la venta de productos en Bolivia, la mejor opción serían los alimenticios. Veremos qué sucedió en unas líneas.

Incursionando en la venta ambulante

Ya en el alojamiento que nos cobijó una dura noche de otoño, lavamos la verdura y levantamos nuestras cosas para ir a acampar (en este caso, no literalmente) a la terminal de La Paz. Allí nos encontramos nuevamente sin novedades del bloqueo de los mineros, esto es, seguían los caminos bloqueados y nadie sabía hasta cuándo. Dadas las circunstancias, decidimos comenzar a armar los sandwiches para salir a venderlos por la terminal, ya que especulamos que la gente estando varada allí varias horas recibiría con gusto una oferta gastronómica portable, sana, nutritiva y económica.

En efecto, no nos equivocamos: Las ventas fueron un éxito. Mientras los armábamos ya nos estaban comprando el primero y logramos vender varios más rápidamente. Las chicas recorrían la terminal vendiendo nuestra mercadería y yo cuidaba las cosas y armaba más sandwiches cuando poco antes de las 18, nos comunican por altoparlante que los mineros habían levantado el bloqueo. Nuestra alegría era enorme, pero la decepción vino cuando nos enteramos que en realidad era sólo una tregua hasta la medianoche.

Habíamos reducido nuestras alternativas a dos: Intentar llegar de un tramo hasta Villazón – la frontera con Argentina – o apuntar a Oruro, lugar al que podríamos llegar en lo que duraría la tregua y al día siguiente intentar tomar el tren o un colectivo a la frontera, ampliando nuestras posibilidades. Convenzo a mis compañeras de viaje por la segunda opción, ya que el riesgo de pagar un pasaje a Villazón para quedar varados en alguna parte del camino era altísimo.

Subimos al bus alrededor de las 18.15, saliendo el mismo media hora más tarde. A bordo, venderíamos algunos sandwiches más, para nuestra grata sorpresa. La salida de la ciudad luego del levantamiento del bloqueo resultó inevitablemente un cuello de botella y nos llevó más de una hora llegar a “El Alto”, la escala obligatoria donde paramos veinte minutos para que el chofer y su asistente busquen vender más pasajes, llenando ahora sí el transporte en el que nos encontrábamos.

Circulamos un rato más y nos encontramos poco después de las 21 con el bloqueo minero en la localidad de Patacamaya. Los mineros, al menos en ese punto, no acataron la conciliación obligatoria, no cumplieron con la tregua acordada. Así es que, ante la imposibilidad de avanzar o de retornar, decidimos tomarnos la situación con mucha calma y buscamos dormir un rato a la espera de una resolución del conflicto.

Balance del día

  • Kilómetros recorridos: 95 (La Paz a Patacamaya).
  • Dinero gastado: 33 Bs (incluido el pasaje hasta Oruro).
  • Dinero ganado: 14 Bs (de la venta de sandwiches).

Día 5 – Jueves 3 de Abril

Lento pero seguro llegamos a Oruro

Luego de 14 horas de viaje (detenidos en su mayor parte), llegamos a la terminal de Oruro a las 8 de la mañana. A pesar de las demoras, nos alegró bastante el haber podido avanzar y dormir en el bus, ahorrando lo correspondiente a una noche de alojamiento y llegando en un buen horario a nuestro nuevo “hogar”. Este fue el bus del milagro:

Nuevamente, en nuestro siguiente destino el panorama era desolador ya que seguían los bloqueos, por lo que decidimos no quedarnos con los brazos cruzados esperando una resolución: decidimos seguir vendiendo. Los sandwiches en Oruro no tenían el mismo éxito que tuvieron en La Paz, entendíamos que por la hora o tal vez por un menor poder adquisitivo de los potenciales compradores.

Siguen las ventas, aunque cambia el rubro

Recorriendo la ciudad noto una mayor influencia de alimentos dulces en las calles, por lo que decidimos cambiar nuestros productos por otros más económicos y dulces y elegimos las trufas – algo así como pequeñas bolitas dulces – , receta que ha brindado buenos resultados a numerosos mochileros. Así es que hago las compras necesarias y preparamos unas trufas con avena, yogur de banana, dulce de leche (“manjar blanco” se le llama en Bolivia y Perú), coco rallado y galletas de vainilla trituradas. Con grupos de tres de estas últimas (aunque lógicamente sin triturar), preparamos también alfajorcitos, rellenos con manjar y cubiertos con coco rallado.

Y con las opciones dulces sí logramos tener buenas ventas: liquidamos el total de la mercadería producida y hasta tuvimos que reponer nuestro stock en dos oportunidades.

A no desviarse del objetivo…

Si bien estábamos conformes con la experiencia de venta y la improvisación aplicada, no nos desviamos de nuestro objetivo principal, que era volver a casa. Así fue que, bloqueo de por medio, nos ofrecieron una alternativa para llegar a Uyuni, aproximadamente a mitad de camino entre La Paz y Villazón, a través de un camino alternativo, saliendo el bus a las 14. Imagínense las características del camino alternativo si el camino no alternativo estaba destruido…

No nos convencía la opción porque ante la oferta, saqué mi mapa rutero y al consultarles no supieron indicarnos el camino que iban a recorrer, por lo que nos dio la impresión de que había mucha improvisación y que podían cobrarnos para luego quedarnos varados. Así es que dejamos salir ese bus, seguimos con nuestras ventas, descansamos, comimos algo y alrededor de las 18 nos anotamos para la salida de las 20.30, luego de enterarnos de que el bus de las 14 ya había pasado la “zona roja” (acá me refiero a bloqueos de mineros y no a bellas y esbeltas blondas en paños menores exhibidas a través de un vidrio) e iba bien encaminado a su destino.

El bus que tomamos nos costó 35 Bs y costaría 10 Bs adicionales de tener que tomar el camino alternativo (lo cual era casi seguro porque no había perspectivas de un fin del bloqueo). Otro costo adicional se produjo al tener que usar el baño de la terminal – para más información sobre esto, pasen por aquíy otro adicional para el uso de terminal. Indignados ante tantos adicionales, omitimos este último saliendo por una puerta alternativa a la dársena correspondiente a nuestro bus.

Nuevamente camino a casa

Así fue que casi media hora después de la hora acordada, el bus llega a rescatarnos. Para este momento, varios de los que habíamos estado casi todo el día en la terminal nos conocíamos un poco y habíamos generado una especie de amistad: padeciendo los mismos inconvenientes y con similares ganas de llegar a nuestros hogares teníamos afinidad casi garantizada.

El camino fue relativamente estable sólo en el primer tramo hasta que tomamos el famoso “camino alternativo” que nos acompañó el 90% del viaje e hicieron del viejo y destartalado bus una coctelera. En mi vida jamás había tenido un viaje tan movido y tan largo psicológicamente, potenciado por una compañera de asiento que llevaba a su niña y que entre ambas se encargaron de reducir el espacio de mi asiento a un 50% de su capacidad y de moverse lo suficiente para despertarme cada vez que lograba empezar a dormitar.

Además, por la noche, varios pasajeros bajaban en paradas intermedias alumbrando su camino en el bus con linternas y luces de celulares haciendo de la misión de dormir una misión imposible.

Balance del día

  • Kilómetros recorridos: Aproximadamente 121 (De Oruro a Challapata).
  • Dinero gastado: 60,5 Bs (incluido el pasaje hasta Uyuni).
  • Dinero ganado: 28,5 Bs (de la venta de productos varios).

Día 6 – Viernes 4 de Abril

¿Camino a Villazón?

Temprano por la mañana – alrededor de las 8 – llegamos a Uyuni luego de un largo pero tranquilo viaje “alternativo”. Ansiosos de seguir camino, nos encontramos con que ningún bus que fuera a Villazón – en la frontera con Argentina –, lo haría antes de las 20.30 y faltaban más de 12 horas para eso. Como éramos unos cuantos que veníamos desde Oruro y en Bolivia en especial no son tan estrictos los controles ni los horarios de los buses sino que funciona mucho el sistema de que sale si se llena “lo suficiente”, conversamos con el chofer y consultándole nos dijo que si juntábamos 30 personas podría salir en el acto.

No fue fácil, pero conversando con los potenciales pasajeros en las inmediaciones de donde salen los buses (no hay una terminal en Uyuni) conseguimos el número mágico de personas necesario y a las 9:30, 11 horas antes de lo esperado, comenzamos el camino a Villazón.

El chofer estaba bastante apurado y gracias a eso, sin ningún contratiempo y hasta parando a comer a mitad de camino, llegamos a la hora prometida a destino, poco antes de las 5 de la tarde.

Finalmente en Argentina

Con un poco de apuro porque desconocía cuál era la hora límite para hacer el trámite de migraciones para mi reingreso al país, me encuentro con el tema resuelto en poco menos de 15 minutos y con todos mis papeles en orden, alrededor de las 17.30, ya del lado argentino, espero a mis compañeras de viaje que estaban haciendo unas compras mientras comunico la buena noticia por teléfono – ya con mi chip de celular de Argentina nuevamente activado – a mi madre y a mi novia.

Alrededor de las 19.30 ya estábamos en la terminal de buses de La Quiaca, la ciudad próxima a la frontera con Bolivia, en la provincia de Jujuy, del lado argentino. Todo parecía indicar que llegaría a casa antes de lo pensado pero la ansiedad hizo que tomara una mala decisión y que la llegada se postergara, estando cargada de incertidumbre y angustia totalmente innecesarios.

Pero el detalle de la última parte de mi vuelta a casa estará en un próximo post, que podés visitar aquí.


¿Te gustó la crónica? ¿Tenés algo que contar, alguna pregunta o sugerencia? Dejala en la sección de comentarios entonces 🙂

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6 Respuestas a Crónica de mi vuelta a casa de Lima a Buenos Aires

  1. Noemi dice:

    Hola Mariano, siempre que leo tus narraciones es como estar viajando.
    Muy buena la experiencia.
    Saludos.
    Noemí

  2. Fiori dice:

    Bien vivida y bien narrada tu aventura..
    Me encantó !!

  3. patricia dice:

    me encanto tu relato, hare el mismo trayecto desde La PAz, cuanto tiempo demora el viaje desde La Quiaca a Buenos Aires?

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